flores que acompañan la existencia de un
cuerpo muerto bajo la tierra.
Cuerpo que ya no habla, ni
saluda, ni respira. Cuerpo que alguna vez estuvo vivo compartiendo con su
familia, familia que lo hizo reír y
ahora llora por su silencio, un sonido que era su voz ahora descansa en ese cementerio,
donde lo acompañan miles de cuerpos más.
Lágrimas perdidas y tiempo
desperdiciado, pensando que nunca volverían a ver esa persona, este les
acompaña desde el mismo momento en que su corazón se apagó.
Les acompaña en todos los
momentos felices y tristes. Les dice que no lloren más, él está bien, mejor que
nunca, sin tener que preocuparse más por nada, sin volver a sentir dolor, solo
preocupándose y sirviendo a nuestro creador.
Ese hombre que le dio oportunidad
al alma para tener una aventura en cuerpo humano, o animal, ese hombre que le
dio opciones buenas y malas, algunas veces cometiendo errores y diciéndole que
veas el mal ejemplo, para que aprendas y no te vuelvas a equivocar.
Y cuando el corazón deja de latir
y los pulmones de respirar es porque ese gran ser a decidido que ya aprendiste
suficiente en esa vida y te devuelve a Él.
Ese
gran ser, ese gran creador,
ese gran creador a quien llamamos
Dios.
ese gran creador a quien llamamos
Dios.
Andrea
C. Blanco A.
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